Habia una prostituta sentada en las escaleras de su mansion,
con una botella de licor en la mano.
Le daba un trago, se inclinaba viendose a la vagina y le decía:
- Por ti soy millonaria.
Daba otro trago, se inclinaba nuevamente y le decia:
- Por tí tengo esta mansión.
Da otro trago, se inclina nuevamente. En eso se hace pipi, y le dice:
- Pero no llores, que no te estoy regañando.

